jueves, 10 de septiembre de 2020

¿Cómo hacer una anti-novela puzzle?

Pronto publicaré mi próxima novela, La Paraeta -todavía no sé exactamente si se titulará así- se tratará de mi primera anti-novela.
Mientras tanto, como conté anteriormente en mi blog, siento la necesidad de seguir experimentando con el concepto de anti-novela.
Hace muy poco me vino a la cabeza un nuevo concepto para la creación de novelas, y lo voy a llamar anti-novela puzzle. Como ya expliqué en anteriores entradas, la antinovela empleará una narración en prosa con un narrador deficiente, o mejor aún, con un montón de narradores no aptos. 

Foto: ComputerHoy.com
Ya la empecé a escribir y la denomino anti-novela puzzle, porque al ser narrada por distintos narradores deficientes, requeriré de múltiples piezas para componerla, como por ejemplo, cartas, testimonios directos, dietarios, diarios, diálogos, etc. 
Lo más novedoso será que el lector deberá acoplar todas esas piezas del puzzle; de esta manera pretendo hacer responsable al lector de la congruencia del relato. Él juntará las historias de los narradores, y sacará él mismo sus propias conclusiones. 
Con ello no quiero decir que el lector tenga un protagonismo activo en la narración, no, pero sí será él quien dictamine el grado más o menos austero de dicha deficiencia. 

martes, 7 de julio de 2020

De la fórmula de ciencias a la fórmula de letras

El concepto de Fórmula parece ceñirse a algo  estrictamente matemático, pero creo que toda fórmula tiene otros poderes, otros significados, por ejemplo, el de ser la forma esquemática de un pensamiento, que además puede trasformarse en una sentencia ideológica.
Siempre me reía de las fórmulas matemáticas, hasta que me tropecé con la que cambió mi vida.
"P aún no es Q", ¡Qué maravilla! ¡Qué ocurrencia! ¿Cómo puede algo tan simple producir una historia? ¿Verdad que parece algo  enigmático?
"P aún no es Q" me vino a la cabeza y empecé a darle vueltas y vueltas. Se me presentaba como una idea primigenia, hasta que se convirtió en la obsesión que dio pie a mi novela Residencia de quemados. "P" sería Clara, antes de  completarse, y tenía que esforzarse para completar su evolución, hasta convertirse en "Q" -la Clara mejorada. Exacto, Clara -mi personaje principal- tenía que mejorar hasta ser perfecta. 
El concepto de fórmula es estrictamente matemático, pero yo lo amplié al pensamiento -la transformé de fórmula de ciencias a fórmula de letras-. El álgebra matemática se estiraría hasta invadir la zona del espíritu donde se encuentra el pensamiento humanístico. Un trozo de pensamiento, esquematizado con el formato de una fórmula, puede construir, por si solo, toda la narración creando el sentido y el tono de la novela, siempre y cuando sea una fórmula configurativa -o primordial- para toda la novela. 
Como puede verse todo me surgió por una fórmula matemática -o más exactamente, de la lógica: "P aún no es Q". ¡Qué magnífico principio para una novela! el germen que la produciría: Clara iba a precisar de todo el relato para cambiar en su trabajo, en sus relaciones personales, tendría que mejorar como persona.  "P aún no es Q", lo necesité para todo el relato, el personaje debería cambiar, mejorar, trasformarse, hasta dar la talla.
Hasta aquí la fórmula primordial para la novela. Ahora me centraré en las fórmulas subsidiarias; en este terreno las matemáticas se pierden debido al sofisticado contenido del pensamiento que dichas fórmulas tienen que revelar. Solamente nombraré dos, que se corresponden a los dos niveles narrativos principales:
1) La fórmula sobre la psicología. Esta tenía que expresar mi aversión a esa disciplina, como ciencia menor, por todo el daño que le había hecho a mis queridos amigos -mis quemados-. El sentido y tono de esta fórmula puede verse en este texto: 
"Pero nosotros los psicólogos no somos mejores; también hacemos eso, anulamos la reflexión de los sufridores al poner nombre a sus dolencias: «es usted un psicótico y no se esfuerce en clasificarse de otra manera», sentenciamos, o «padece usted un complejo de Edipo, como una catedral de grande». Dominamos el medio porque es nuestro, porque nosotros inventamos dicha sed, porque quisimos ser dioses, y estos no dejan que los hombrecillos se emancipen"

Diseño: Pandiella y Ocio

Como puede notarse el carácter del enfermo siempre estaba en entredicho, o sea, nada favorecía a la cura, simplemente carecía de valor. Por eso necesité a Ruta.
2) La fórmula de la princesa Ruta. La visión de Ruta es tan igualitaria que culpa tanto al tirano como a su lacayo. Así de crudo lo expresa mi princesita: "pues lacayo y tirano se confunden, como de difícil es saber dónde acaba el desgraciado y empieza su joroba,". Esta fórmula es fácil de comprender en el actual momento en el que se encuentra la política.

Diseño: Pandiella y Ocio


Ambas -la fórmula psicológica y la de Ruta-, las repetí en múltiples ocasiones y con diferentes formatos. Te puedes tropezar con ellas en múltiples contextos, son la música de mi novela; como puede notarse no soportaba la ambigüedad. Las dos fórmulas se metían en mi cabeza, me la envenenaban hasta apoderarse de todo la narración, como hace cualquier obsesión. 
Las dos tienen un nexo común. Las dos acechan contra la responsabilidad del individuo, algo que hoy en día adquiere toda su importancia debido a los nuevos acontecimientos.
Lo mismo ocurría cuando me proponía escribir párrafos de alguna de las dos historias. Necesitaba concentrarme con cualquiera de las dos fórmulas, como hace cualquier autor, cuando elige la música que más le inspira. 
Por último, para encontrar el rastro, la vida interior de la fórmula, sería necesario bucear en la vida interior del autor.






martes, 2 de junio de 2020

De los materiales de construcción a los materiales vitales

Esta entrada es una continuación de la anterior. 
Dentro de la carga ideológica -el contra quién, sea este una institución, o simple gremio-, de la que hablé como material de construcción, se encuentran el asunto y el estilo; asunto y estilo están tan interconectados con la carga ideológica que veo muy difícil entresacarlos de ella. 
Incluso los poetas, creídos de ser los propietarios de algo tan "subjetivamente inocuo" como son los sentimientos, siempre  escriben contra algo, aunque solo sea contra el sector de cualquier gremio literario, o al menos, esa es su inconfesable intención. Los poetas tampoco son inmunes a la carga ideológica.
El otro gran ingrediente de las novelas  lo llamaré material vital, o "gotas de experiencia" como lo llama Siri Hustvedt. Los denomino materiales vitales por analogía con los materiales de construcción: son las experiencias de la vida,  que una vez recopiladas, ordenadas y arregladas al gusto propio, se meten en la narración. Podría decirse -en los términos de Hustvedt- que de esas gotitas intentamos llenar el vaso, para que la descripción o narración adquiera toda su coherencia y belleza.
Si en la entrada anterior puse el ejemplo de La Venganza del objeto para definir algunos materiales de construcción, ahora me centraré en otra novela, en Residencia de quemados para definir los materiales vitales.
En esta obra precisé de una experiencia personal que diera credibilidad al planteamiento de las doce familias, que se reúnen alrededor de una mesa en la que se cuentan historias, y que después  finalizan su noche con el trueque de alimentos, que cada familia producía semanalmente. Los sábados en mi casa nos juntábamos amigos con sus parejas e hijos y poníamos en una mesa los productos de alimentación que deseábamos intercambiar, amén de otros utensilios de labranza. Así conseguí que las experiencias veraces, contadas con el recurso de la fantasía, mantuvieran su veracidad. Con esta pequeña historia comienza la narración, un tanto ancestral, de la princesa Ruta. 


Clara y Ruta. Diseño: Helios y Pandiella

En cambio, para la historia de Clara con sus psicólogos -historia más actual- necesitaba acudir a mis experiencias más, como diríamos, más académicas, relacionadas con mi contacto con la psicología. Me serví de amigos y conocidos para una vez construida y exagerada su `enfermedad´, sus quemaduras, poder usarlos ya como personajes. Ellos hacían que se mantuviesen unidas mis experiencias académicas con las más cotidianas, personajes queridos siempre tratados con ese `cariño´ que me caracterizaba. Cada `quemado´, a su dolencia psíquica pegado, se me representaba como si fuera una percha vacía, eso sí, una percha en la que cabía toda la ropa necesaria para vestir al personaje. Todos esos ropajes ficticios pertenecen a lo que llamo materiales vitales. El salero del escritor combinará dichos materiales vitales;   es el talento de los momentos, o la inspiración que provoca el actual estado de la mente.


martes, 12 de mayo de 2020

Materiales de construcción de la novela

La creación literaria cuando medita tiene que mirarse sus entrañas. Eso es lo que precisa hacer cualquier novelista, o mejor aún, todo escritor debe utilizar los materiales que encuentra para completar su construcción, en mi caso una novela. Solo hablaré de dos de ellos, que además son configurativos, y lo haré con un ejemplo sacado de La Venganza del objeto. Me interesa mostrar qué ingredientes tiene esta novela, de qué esta hecha, pero sobre todo, cómo mi cerebro se apropió de ellos para que, una vez dentro de él, se engendraran los personajes de mi novela.
El ingrediente -el material- más importante para mí es, sin duda, la carga ideológica, o lo que es lo mismo, aquello contra quién escribí La Venganza del objeto, la argamasa que lo juntó todo. Eran tiempos de odio extremo contra la ciencia. No toda ella era mi enemiga, no, solo el cientificismo, es decir el mal uso de la ciencia cuando se hipertrofia. Mi odio iba contra todos los hombrecillos acomplejados que se obcecan con un solo mundo verdadero, como si este fuera el único mundo posible. La ciencia cuando se centra en la investigación hace trampas en detrimento de las letras, los patitos feos del conocimiento, los llamados sensibleros, esos injustamente tratados como incapaces de expresar las verdades, los que solo muestran sus sentimientos. 
Como no tenía experiencia científica de primera mano hube de buscarla en alguna clase de física como hacen los espías cuando se  introducen en el campo del enemigo. Así empezó mi experimento literario, simplemente intenté meter en mi experimento a cualquier `doctor loco´: cualquier hombrecillo que hace añicos a sus ratones, sería  ahora mi ratón, algo parecido al cazador cazado. Esa era mi motivación.
Fue fácil encontrar mi personaje principal, Chiripa es su nombre y  para ser detestable precisó de toda mi neura-odio, y de la inocencia de Nativel, mi narradora principal, que hizo las veces de personaje regulador, y que tendría que vérselas contra esa frigidez sensitiva de Chiripa.
Mi segundo material fue la belleza. ¿Cuánta hace falta y de qué tipo? Me inspiró una belleza a la carta, sensorial, casi poética. Intenté desvincularla de lo que antes he llamado carga ideológica, aunque, como se verá, también ella se relaciona con la carga ideológica. Esa belleza es dictada por sentimientos, que resultan ser muy ideológicos. 


Diseño: PandiellayOcio

Solo tenía un bello párrafo en la memoria del que debía salir toda la sensibilidad de la novela. Dicho párrafo era una hipotética transcripción de los sentimientos de mi padre, sentimientos que traduje, ordené y adorné. De ese material tan escaso -de ese párrafo-, fantaseé hasta crear un mundo opuesto al de Chiripa, tan necesitado de humanidad y sentimiento: dos mundos contrarios que se miraron de reojo en el mismo pisito, lugar diminuto donde no paraban de darse golpes; por un lado, la frigidez heladora de un triunfador físico, por otro, un soñador, un hombre acabado, "un bulbo casi ochenta años enterrado en zona muerta, sin gota de humedad". Con estas palabras se define Valiente, un anciano repleto de sentires muy vociferantes. Efectivamente, Valiente es su nombre, en homenaje a mi padre, un minero joven que se hizo hombre en la guerra fratricida contra los nacionales. Él es mi contrapunto a Chiripa, al helador de frigidez sensitiva. Ambos, con sus dos mundos a cuestas, conviven como pueden en el mismo hogar.
Solo he comentado dos materiales, los más configurativos. Ahora falta hablar de los materiales vitales. Eso lo dejo para otra entrada.


viernes, 17 de abril de 2020

Entrada segunda sobre la hibridación: la novela de ideas.

Sigo con el asunto de la entrada anterior. En mi opinión la novela de ideas tuvo que surgir de alguna mente inquieta, mente que se debatía entre la belleza extrema y el alma de la verdad, entre ambas partes de la mencionada hibridación. Como ya he contado, en mi caso, era un péndulo que oscilaba, unas veces, hacia la literatura, y otras, hacia la filosofía, o lo que es igual, las ideas necesitaban ser bellas.
Pero, ¿qué ideas tiraron de mi lengua para que escribiera El fósil vivo?
1. El odio a los peregrinos que significaba rechazo del turismo masificado. Me vino a la cabeza un personaje inusual y algo estrafalario, pero con una humanidad fuera de lo común, se llamaba  Patro y tenía por manía patear el Pisable (el mundo todo), siempre a la  búsqueda del lector ideal, el cual saldría de una caterva de posibles lectores, de su ya famosa taxonomía de los cien mil lectores.
2. La decencia, idea sugerida por Modesto Bauer, el Primer Decente, el personaje que engloba toda la bondad, inocencia, la honradez vital e intelectual, un ejemplo para toda la humanidad.
3. La confusión entre un futuro y un pasado. Será ese pasado imaginario el que  Ausonio confundirá con el futuro. Ausonio, mi fósil, cree en el pasado extinguido, gracias a su portentosa imaginación que vislumbra un futuro limpio, sin impurezas: no se dio cuenta de que los rupestres nunca se habían extinguido.
4. Mi estúpido anhelo por una generación -la generación del 97-, un movimiento de superdotados, el humano deseo que todo escritor tiene para no sentirse tan solo.


El Dios Apolo "con camiseta" transformado en Ausonio

Esas cuatro ideas tan dispares fueron las más configurativas, quiero decir, con ellas fue posible construir el argumento, y eso que, aparentemente, no mostraban conexión; la novela hace eso conecta un odio psicológico a los turistas -los peregrinos sin control- con la decencia de don Modesto y con todos sus seguidores, la generación del 97. Luego precisé una nueva invención -Ausonio- el narrador ideal, el vehículo para contarlo todo. Ausonio, él solito, sacó de su cabeza mi distopía -sin ser más que un fósil-, y lo hizo con la fuerza sobrenatural de su memoria, una facultad sin igual, por la que es nombrado el memorión de Hostia.
Así es como surgió esta idea maquinadora, la idea constructora de mi novela. Alguien ha sentenciado que un pensador, a lo sumo, puede tener una gran idea en la vida, y yo la tuve: un fósil que habla. 



viernes, 3 de abril de 2020

La hibridación en la palabra: del alarido intelectual a la belleza exacta

¡Qué difícil es amigar dos cosas que se repugnan!
En el instituto, en mitad de la educación, se nos obliga a decidir de qué esta hecho nuestro futuro. En mi caso dos disciplinas competían por hacerse un hueco, dándose codazos: la filosofía, ansiosa con su manía por ser exacta iba a darse de bruces con la literatura, siempre en la búsqueda de la belleza. Filosofía y literatura, las dos disciplinas que comparten un mismo alimento, a veces escaso, las palabras.
Con este dilema surgió mi obsesión, a saber, las palabras, una vez  crecidas, tras sacar la cabeza del profundo abismo de la verdad, iban a luchar contra sí mismas, contra las palabras creídas por notarse tan bellas.
En esa obsesión -la Verdad contra la Belleza- encontré un primer aliado, el afán por trivializar las ideas filosóficas, para que  adquiriesen un uso más multitudinario, más común: las ideas, ya trivializadas, podrían usarlas los seres ordinarios. Faltaba un ingrediente -el más difícil-, se me hacía necesario un condimento para que la belleza perdiera su insipidez, que supiese a algo; ¿quién se atreve a salpimentar la belleza? Era preciso insuflarle algo de justicia a la belleza, y entonces concluí: las palabras sólo son bellas si son justas. Dicho cometido sólo podría llevarlo a cabo un personaje de novela.


Diseño. Pandiella y Ocio

Ruta - en Residencia de Quemados- fue mi primer experimento, la primera protagonista, fuerte y lista, llena de arrogancia, capaz de decir verdades-bellas, algunas dolorosas y absolutas, siempre contundentes, incluso desafiantes con la autoridad, verdades que se descalificaban por ser dañinas; Ruta tenía un problema, esa agresividad que sólo podría perdonarse por  ser el personaje de una novela. 
Pero entonces nació Don Modesto Bauer -en El Fósil vivo-, el bendito, el primer decente, la bondad hecha humano. Él sí que sabía decir las verdades vestidas de belleza. Bauer fue el primer hombre de papel que realizó dicha hibridación entre las palabras, entre la filosofía y la literatura. Tal hibridación se me hacía complicada, difícil. De nuevo, tuve que incrustármelo  en la cabeza:  las ideas buenas son bellas y las palabras bellas son justas.


Bill Mauldin "Weeping Lincoln"

Buscando, hurgando en el pasado, se puede comprender porqué en mi periodo de educando sólo me interesaban los pensadores que convencían con palabras bellas. ¿Cómo era posible que el mensaje necesitara tanto del estilo, incluso antes de que me surgieran las ganas de escribir?
De esa manera debió de nacer la literatura de ideas, mejor aún, la novelas de ideas, pero eso será ya otra historia.


viernes, 31 de enero de 2020

El contenido de una onda expansiva

Con sólo dieciocho años estaba en Japón, en la orilla de un  bello lago, frente al monte Fuji manchado, o mejor aún, vestido de blanco, con sus nieves perpetuas. Aún tenía intacta mi voluminosa risa, la misma que todos querían romper mientras gritaban: "esa risa me la cargo yo" . 


Printed in Tokyo by Fukosha Co., Ltd.

Nada todavía podía hacerme daño. Me sentía tan ufano con todas mis opciones sin estrenar, ufano y aligerado, sin el peso de las verdades aprendidas, sin esos desconchones que produce hasta el respirar,  que se caen, que afean nuestra piel recién fabricada. Nadie se atrevió a explicarme que el "punto de vista de la eternidad" no era más que la obsesión con la que se protegen los ilusos. 
¿Pero algo tendría para sentir mis células tan especiales? Efectivamente, a mi favor, mi vida enamorada de la vida, ese optimismo que nadie osaba atacar sin ser descalificado a perpetuidad.
Tenía sólo dieciocho años cuando, sin saber por qué, tiré una insignificante piedra al lago, la tiré lejos, con fuerza, lo que provocó un círculo, una onda que se me acercaba, por un lado, y hacia el Monte Fuji, se movía por el norte. 
Había viajado a Japón para empezar con algo, que al parecer, ya estaba acabando: mi relación con el judo había sido tan intensa que parecía que nada se la iba a cargar; pero quién hubiese imaginado que esa onda expansiva era independiente de mí, que sus diminutas ondas en forma de olas iban a despintar mi pasado, para después dibujarle los límites a mi futuro, o que iban a comerse el tiempo anterior para dibujar el venidero. La piedra estaba cargada de mis secretas intenciones: la filosofía, con todas sus vueltas y revueltas, con sus más de veinte siglos de existencia debería luchar contra la literatura, el pensamiento debería vérselas con las maneras de decirse. La belleza tendría que pedirle permiso a la coherencia, las ideas le iban a pedir permiso a las maneras.
En definitiva, debía hacerme mayor, darle forma a mi joven intelectualidad, la misma a la que el judo golpeaba. 



Pasaron un montón de años hasta que escribí Tomoko, el libro en el que se cruzaron los dos efectos de la onda expansiva, la novela que engloba ambas vidas. En Tomoko, también está disuelto el presente, el recordatorio del pasado y con su visión mágica del futuro, de esa posteridad que contiene un cambio de sociedad, que afecta a los posibles lectores.
Uno desearía de nuevo estar en ese lago y reencontrarse con la onda expansiva, que sin duda, todavía viaja hasta su orilla, y así, al final saber qué contiene su interior (de qué esta hecha), algo que sin duda me dirá cuál es su fuerza, qué ha sucedido, y sobre todo, cuánto le falta a la vida.