martes, 15 de septiembre de 2026

Mi nueva propuesta lieraria: la literatura de los pueblos

    Con el Covid sobre nuestros corazones -nadie imaginaba lo que se nos venía encima-, tenía  una cosa en  mi  cabeza, a saber, inventar un  nuevo proyecto literario: la literatura de los pueblos. Para llevar a cabo esta tarea, debía contar cosas de mi pueblo -bonito u horroroso, tranquilo o ruidoso, repleto de paletos o de gente cosmopolita-, cómo eran sus habitantes, y sobre todo, cómo eran los recuerdos que de él tenía.

    ¿Quién no conoce a Edith Wharton capaz de narrar como nadie las aventuras de su moderna Manhattan? o ¿Quién no conoce a  Leopoldo Alas Clarín, que nos hizo soñar con su rancia Vetusta? Me preguntaba por qué Alfredo no podría contar las cosas de su pueblo. ¿Acaso en Valencia, o en Torrente -en mi Arcanente- no se cuecen habas? Por supuesto que en Torrente también se cuecen habas -a tope de cocididitas, casi achicharradas-, y para saber bien a qué atenerme necesité diferenciar claramente mi odio de mi simpatía, sentir uno u otro sentimiento hacia mis vecinos tan odiosos o queridos.

    Me puse a ello, tuve que construir una antinovela, como nueva propuesta literaria, lo que ya de por sí es un reto para la literatura; de tal modo nació La Paraeta  -mi primera antinovela-. Una novela a contrapelo, escrita con la mano mala -ya sea esta la izquierda o la derecha-, una novela narrada, mejor dicho, dictada, por un narrador con sus capacidades disminuidas, todavía más, con sus capacidades políticamente incorrectas. Como los paletos siempre quieren compañía, los personajes protagonistas de mi historia debían ser unos paletos, y mira que fue difícil hacerlos coincidir con las poquísimas luces de mi narrador. Construir la idiosincrasia cognitiva de mi narrador con sus escasas luces fue una ardua tarea, e, igualmente, fue difícil dar forma a la extraña idiosincrasia de los personajes que deambulan por mi novela.

    ¿Cuáles fueron los materiales de La Paraeta?

    Mis recuerdos de niño eran los únicos materiales de los que disponía, la única  herramienta, aunque tuve que darles ese toque tan ¿cómo diría yo? ese toque tan peculiar, con el que construí mi turismo sentimentaloide. Hablo del viaje de los recuerdos al pasado, el pasado de neverita y sombrilla, un viaje a un lugar que ya no existe, por ser nuevo e irreconocible. 


4 comentarios:

  1. "La paraeta" es un giro en tu forma de narrar, lo que dices concuerda con ese giro que se aprecia en tu nueva novela. Al leerla se ve claramente tu interés por la "literatura de los pueblos". Construyes tu novela desde las entrañas de tu pueblo. Me gustaría saber si en el resto de tus obras no está presente también de alguna manera tu pueblo. Lo digo porque en todas ellas los recuerdos, como bien explicas en varias entradas, juegan un papel muy importante. Un saludo.

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    1. Gracias Elena por tus acertadas y elocuentes palabras. Sí, mi pueblo no solo es el primer protagonista de mi novela, es el marco en el que desarrollo toda la historia de ella. Sobre la otra reflexión acerca de los recuerdos te doy la razón; en todas mis novelas están presentes mis recuerdos como única herramienta, pero como tal herramienta tiene multitud de usos, quiero decir, que se puede hacer con ellos multitud de cosas: combinarlos, cambiarles el nombre o simplemente mezclarlos, todo lo que uno quiera.

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  2. Querido Alfredo. Como dices en esta entrada, construir una obra a contrapelo, "dictada" por un narrador de capacidades disminuidas y políticamente incorrecto para reflejar la idiosincrasia de unos personajes de pocas luces, me ha parecido leyendo la novela un reto técnico y psicológico tremendo. Cuando hablas de recuerdos, ¿hay alguno específico de tu infancia que fuera el detonante absoluto para empezar a escribirla? Por último, ¿cómo ha sido la acogida de esta propuesta tan transgresora? un abrazo

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Sí, hay un recuerdo que podría llamarse recuerdo matriz, debido a la importancia que tuvo para la concepción de "La Paraeta": un tío mío muy inocente, ignorante diría yo, me habló en un parque hace más de cincuenta años sobre la manera de ser -que era la suya propia- del personaje que luego mi mente, tan propensa al esperpento, recopiló en Severo, el "prota" de "La Paraeta". A Severo, como es sabido, le faltan varios herbores, por no decir la cocción completa.
      Respecto a la segunda cuestión sobre la acogida de la obra, te puedo asegurar que ha sido mucho mejor de lo que se podría esperar de una "propuesta tan transgresora".

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