En mi fascinación por la metaliteratura me han surgido en alguna ocasión personajes de papel imaginados. Parece imposible que un libro imaginario de papel pueda transformarse en un personaje que evoluciona, que se presenta con vida propia, y que tiene principio y final.
Apetece escribir sobre esos objetos imaginados, inertes libros transformados en magníficos personajes, cuya única vida se encuentra en la imaginación de personajes al uso. Son pequeños libros dentro de libros.
Por eso en El fósil vivo me tropecé con un sagrado librote o "Sacrotocho", mi especial cómplice para relatar la Fantasía Exacta.
Mucho más emotivo fue concebir "El devocionario", mi pequeño libro lleno de emoción dentro de La venganza del objeto. El devocionario contiene todo el sentimentalismo que no le cabe a Chiripa, mi personaje principal y del que ya hablé ampliamente en anteriores entradas.
Todo ello para completar mi propuesta literaria, mi trilogía, la trilogía con tres lenguajes diferentes, los correspondientes a los tres personajes-libro, cada uno acorde con el cronotopo de las novelas.
Hablo de una trilogía, pero falta mi tercera novela, Residencia de quemados, la novela con mi más querido personaje de papel, "El relato total", mi opción por la utopía primigenia, por mi vuelta al principio, al origen, al retiro del mundo, de ese mundo tan repudiado por Ruta, su personaje principal.


En las dos novelas tuyas que he leído se ve claramente cómo se transforma un imaginario libro en un personaje. Tienen tanto peso que cobran fuerza propia. Me gustaría preguntarte si en tu próxima novela el libro imaginado muestra una utopía o una distopía o si, por contra, no tiene nada que ver con utopías.
ResponderEliminarMuchas gracias Elena por tu comentario.
EliminarEfectivamente, mi tercera novela fue escrita desde un anhelo imaginado, una utopía del carácter, como el contrapunto al tema de mi novela, la utilización de la psicología por exceso, para males que en absoluto deberían tener el trato de dicha disciplina. Hube de imaginar una utopía para poder meter en ella, en todos sus apartados, a mis queridos personajes.
Hablas de obras que nunca han sido impresas y que solo sabemos de ellas porque están ligadas a otra obra mayor o a algún personaje, ¿has pensado alguna vez en darles vida propia al margen de la obra que las contiene ampliando la idea que subyace en ellas?
ResponderEliminarGracias Lago de Como por tu comentario.
EliminarMucho me gustaría consolar a mi fantasía y darle vida a esas obras imaginadas y no escritas. Creo que es una quimera pensar en escribirlas, no porque no sea posible, no, sino por que las tres (y digo las tres) tienen esa vida propia tan escondida en las entretelas de la memoria de la fantasía.
Todo parece indicar que quedaría en una fantasía imaginada. Sólo el hecho de poder hablar de ello ya me reconforta, pero creo que nadie se atrevería a escribir el Sacrotocho, el Devocionario o el Relato Total. Así lo dejaremos estar, como mínimo hasta la siguiente entrada, en la que estoy pensando en componer un catálogo de recursos literarios, basado en los libros imaginados, los personajes imaginados y las ideas imaginarias. Por ahora no me quiero anticipar.