En esta entrada continúo el tema que traté el 1 de abril del 2022 sobre mi catálogo de recuerdos. Tras releer la entrada comprendí que debía actualizar la lista, repararla, como si dijéramos, actualizar dicho catálogo o vademécum de recuerdos.
Este catálogo, a modo de lista u ocurrencia, parecerá un tanto desordenado, además, lo explicaré como algo subjetivo, lo que quiere decir que podrá ser ampliado por cualquiera al que se le ocurra otra propuesta. A mí, personalmente, me agradaría tener un listado completo de los tipos de recuerdos, ¡Cómo me gustaría! Como podrán imaginar la lista sería casi infinita, porque de cada adjetivo -incluso de cada sustantivo- me viene a la mente un tipo de recuerdo. Aunque es bien difícil hacer este vademécum completo, como había prometido en mi entrada anterior, me conformaré con hacer una pequeña listilla:
Imaginarios o ficticios como el del maniquí que conté en la entrada anterior: el maniquí fue el recuerdo de algo imaginado hace años. Recuerdos reales, inventados, recuerdos soñados, con reminiscencias a los sueños reales, o sin ellas, recuerdos verdaderos o falsos -que nada tienen que ver con los recuerdos contrafácticos. ¡Vete y busca! Sigo, recuerdos ortopédicos, lentos, sucios, salvavidas, rancios, macabros, recuerdos repugnantes, raídos, usados, manidos, percudidos, resabiados, extraños, recuerdos floreales o, mejor dicho, floridos, recuerdos foto, recuerdos instantáneos, recuerdos montaje y recuerdos en directo o en diferido. ¡Ah! se me olvidaban los recuerdos intelectivos, como por ejemplo son los recuerdos de sensaciones, o de estados emocionales, etc.
¿Y los recuerdos de mis recuerdos, listos siempre al atardecer de mi memoria?
Exacto. La memoria es otra cosa -aunque parece lo mismo-, porque es una facultad que actúa por su cuenta, al dictado de su único recurso, las emociones. Ella rellena el hueco agujereado por los recuerdos, o lo que es lo mismo, que lo que no entienden mis recuerdos lo rellena mi memoria. La memoria actúa igual que las emociones que rellenan lo que la comprensión y las explicaciones no consiguen completar, por más que lo quieran.
Para terminar diré que los recuerdos añaden a mi vida trascendencia, agrandan mi cobijo, y, por lo mismo, se llevan las sombras. Con solo nombrarlos -los recuerdos- se regenera mi
talento, mis obsesiones, la omnipotencia de mi día a día. Cada vez que llamo a mi recuerdo desaparece todo el horror, porque se lleva la indecisión de las emociones. El recuerdo lo envuelve todo con su inapelable verdad.
Querido Alfredo, me gusta tanto como a ti el tema de los recuerdos. Es fascinante y creo que tu "listilla" es completísima. Alguna tipología me ha sorprendido muy gratamente. Como por ejemplo, el llamado "recuerdo contrafáctico". ¿Crees que este tipo de recuerdo se nos aparece cuando rechazamos de forma contundente lo que ha ocurrido y quisiéramos vehementemente que hubiera ocurrido algo muy diferente? Evidentemente, si un contrafáctico lo convertimos en recuerdo es de manera inconsciente porque, si no fuera así, nos estaríamos autoengañando. ¿Cómo lo ves tú? Y, por otro lado, ya que hablas de memoria, ¿crees que la memoria moldea los recuerdos o son los recuerdos los que se imponen a nuestra memoria?
ResponderEliminarGracias Elena por tus palabras tan amables, me encanta tu comentario que intentaré contestar.
ResponderEliminarSí, solo se me ocurre el recuerdo contrafáctico como un recuerdo de algún episodio que nos gustaría olvidar, aunque lo que creo que es que podemos crearlo tan consciente como inconscientemente, porque al ser humano no parece importarle mucho el autoengaño.
Respecto a la segunda cuestión lo que creo es que la memoria está más allá que el recuerdo, el recuerdo intenta saltar por encima de la memoria, pero como pertenece a ella, pues eso, ¡que más quisiera!