Como decía ya el 5 de abril de 2021:
"(...) la posteridad humana no puede ser otra cosa que recogidita, tenerla a la mano, al gusto propio, y no solo eso, además deberá ser imaginada, o simplemente, tendrá que vérselas con otras creaciones imaginarias, lo que nos mete de lleno en un círculo vicioso: la posteridad imaginada construida solamente con creaciones de obras y personajes imaginarios".
Sí, la posteridad debería ser `recogidita´, pero hoy, lo que noto, lo que se me ocurre es un postericidio involuntario: la última posteridad, esa que debía, empezar mañana, acabó ayer: la perspectiva que tenemos del futuro se ha llevado a la posteridad tal y como la entendíamos antes. El mundo como yo lo entendía, tal como mis ojos lo veían, ha muerto ¡cómo cuesta ser optimista!
Además, esperamos que terminen las dos guerras que tenemos encima, sí, esas dos pequeñitas, porque hay otras que llevan décadas activas, y ya acabada la pandemia del Covid que tanto daño -imprevisible- nos hizo, solo nos quedará el cambio climático, el que en absoluto parece estar controlado ¿verdad? Los tres acontecimientos que marcan esta perspectiva del futuro que tanto queríamos controlar, los tres -guerras, Covid y cambio climático-, han aniquilado a la posteridad y a los lectores, los lectores están muertos, a su pesar, porque mira que son persistentes, o lo que es lo mismo, que todos los lectores que siempre me entienden están tristes; igual le ocurre a toda la gente inteligente.
De igual modo, la posteridad, la última posteridad, la que ya fue, se cargó de un plumazo las motivaciones de los escritores: ¿para qué escribir si ya no hay posibilidad de una posteridad futura? Solo tenemos una posteridad pasada, esa ha sido la última. Se me hace una contradicción semántica enlazar estos dos términos: última y posteridad.
Podríamos pensar que la aniquilación de la posteridad es solo algo coyuntural, pero ¡menuda coyuntura! cuando dentro de ella, escondida, se encuentra la nada, la nueva nada que orbita junto a sus planetas, por lo que deduzco que la última posteridad, lo único que nos ha pedido es que nos callemos pronto, o simplemente que digamos la verdad. Habría que hacer algo, como por ejemplo pasar un trapito a la mugre de todo este presente. De este modo, tal vez pudiéramos recuperar a una futura posteridad.
La posteridad, lo más grandioso y persistente que vi nunca lo llenaba todo, pero desde ayer camina hacia atrás. ¿Cómo terminar ayer algo que todavía no ha sido? De todos modos, no me parece inteligente esperar con ansiedad un tren que pasó hace tiempo.
Dicho de otra forma, estamos inmersos en este `postericidio´ como si fuera algo involuntario. Y deberíamos estar felices porque la posteridad hubiese terminado ya; de esta manera, al fin y al cabo, se nos pasaría de golpe la responsabilidad que tenemos, esa exigencia autoimpuesta. ¡Qué bien! ¡Cómo relaja sentir que la posteridad se ha terminado! Así acabó lo que se tragaba la felicidad y la calma, la posteridad se queda como concepto, ahora refugiada, escondida, en los cuarteles de invierno. Pero, ¡qué difícil dejar la puerta abierta al sentimiento de la felicidad cuando el mundo está lleno de tristezas!
Me parece una reflexión muy apropiada para los tiempos que estamos viviendo. Produce más tristeza que alegría, es difícil alegrarse cuando el postericidio supone, realmente, la aniquilación de nuestro futuro. Por lo que comentas crees que tal postericidio tiene relación con el ecocidio que nos trae, entre otras cosas, el cambio climático. Ahora bien, me gustaría que me dijeras algo más sobre cómo afecta esta situación de postericidio y ecocidio a la tarea del escritor. ¿Es que piensas que ante tanto desastre ético, como es el ecocidio, no queda cabida para lo estético? Al fin y al cabo, la creación de novelas no deja de ser un arte.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario tan acertado.
EliminarPor supuesto, las novelas son, en general, un arte y como tal tienen el `vicio´ de perdurar; posteridad y capacidad de perdurar deberían ser sinónimos.
Cuando digo que los lectores están tristes no puedo más que extender su tristeza a los escritores, por ello, debería afectar a su `manía´ de crear belleza.
Como se puede deducir de mi respuesta lo ético y lo estético se le ocurre -o se le escapa- al mismo cerebro creador, al menos, sale por el mismo sitio.