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viernes, 12 de junio de 2026

¿La posteridad personal?

     Como dije ya en enero, nos encontramos entre dos guerras pequeñitas -si pudiese medirse el tamaño de la guerra-, nos ha venido otra aparentemente peor -como dice el dicho, no hay dos sin tres-, es la guerra que llamamos del Estrecho de Ormuz; conflicto en el que tiene que ver Trump y su  familia, obsesionada con sus caprichos petrolíferos, por llamarlos de algún modo. 

    Me resisto a este mundo violento, al sonido de las bombas, de las explosiones. El sonido de la guerra rompe la parsimonia de la narrativa del mundo. ¡Qué difícil se hace descifrarnos en los surcos de este territorio cognitivo! En mi caso, habito el territorio casa, mi territorio rural, atento exclusivamente a los estados mentales, a mis ambiciones racionales. ¡Pobre del que desee expresar literariamente el caos del mundo! Tenga lo que tenga, sea lo que sea, incluso si es una herramienta legítima, como lo es mi voz interna, el mundo no nos lo pone fácil. ¿Cómo usar el descontento con el mundo todo? Esta repugnancia se come hasta la música más sublime, hasta la musicalidad del nuestro amado tono narrativo. Estas últimas palabras se asemejan a un triste canto épico.

    A la misma velocidad a la que el mundo se destruye, otros nos preocupamos sobre asuntos de la Belleza, debe irnos la vida en ello. Belleza con la que se construye todo proyecto literario, nuestra trayectoria vital en la que caben un montón de ideas filosófico-literarias. 

    Y mientras tanto, ¿qué hacer para dormir bien? Pues algo habrá que hacer, será preciso limpiar el cerebro de toda la mugre en la que se nos mete el concepto de la Posteridad; la Posteridad -la que dicta el presente- es la mugre, pero a su vez ¿cómo librar al pasado de los pizcos personales que la posteridad deja en los recuerdos? Por ejemplo, el Covid 19 solo ha quedado como un resto nostálgico, ahora  nos creemos muy felices. Como dije antes, la repugnancia, ahora, todo lo puede. La Posteridad es -además de personal- involuntaria, porque "ya no podemos controlar ningún acontecimiento del mundo, no es posible ni vislumbrar cuál será nuestro legado".   

    Por otro lado, no sé cómo he podido unir dos conceptos tan contradictorios, tan contrapuestos entre si, dos conceptos que se repelen entre ellos, posteridad y personal.

    Es necesario sentir dentro de nosotros algo parecido a la conducta del  héroe; como dice mi narradora en Residencia de quemados al hilo de una descripción psicológica de la protagonista Clara, cuando está embarazada:

    ¿Es que esta maldita posteridad no se acabará nunca? El mundo ha abandonado la órbita que hasta ahora alegremente compartíamos. Nadie se acuerda  cuando pasó ese tren, ¿quién espera un tren que pasó como muy pronto ayer?




sábado, 17 de enero de 2026

El postericidio involuntario

     Como parece, la Posteridad es tan involuntaria como inevitable; ya seas o no escritor, lector o artista, en ella todos nos vemos involucrados. Lo mejor es que aún puedes preguntarte ¿qué puedo hacer para controlar la Posteridad? 

    Hagamos lo que hagamos "¡la vida sigue igual!" Hace exactamente un año que escribí sobre este tema y todavía sigo con lo mismo. Efectivamente, la vida sigue, aunque  ha aparecido algún personaje nuevo e inesperado, nosotros seguimos definiéndonos como incautos, seres sin intereses petrolíferos, e incapaces de romper las reglas del juego que todos jugábamos, o simplemente, que no tenemos la capacidad de modificar el rumbo del mundo. La órbita del mundo sí ¡ha cambiado! Esa órbita que todos  seguíamos sin cuestionarlo.

    El diez de Enero del 2025 escribía sobre dos -o más- guerritas que después de un año, aún no han terminado. En este momento la Covid 19 nos parece algo lejano, nostálgico, ¡qué recuerdos nos deja! Y qué decir del cambio climático, parece que haya desaparecido de tanto hacerle de menos, o de tanto negarlo, es como si se hubiese suicidado por exceso de éxito, de ser ello posible, cuando todo el mundo no paraba de pronosticarlo.

     Sí, el día de mañana ha desaparecido, solo nos queda un postericidio involuntario, cuando la Posteridad que debía ser un anhelo futuro ya forma parte del pasado. Quien todavía la esté esperando, que sepa, que la última Posteridad pasó hace años. ¡Qué pena que nunca decaiga la auto-exigencia! la misma que aportaba felicidad y calma, esa a la que estábamos abonados. Mira que eramos estrictos al exigirnos ser mejores. Nos quedaremos con cara de tonto cuando estemos en nuestro andén, a la espera del tren que pasó hace años. 

    La Posteridad es involuntaria porque ya no podemos controlar ningún acontecimiento del mundo, no podemos ni vislumbrar cuál será nuestro legado. 


viernes, 10 de enero de 2025

La última posteridad. La posteridad que acabó ayer

Como decía ya el 5 de abril de 2021:

"(...) la posteridad humana no puede ser otra cosa que recogidita, tenerla a la mano, al gusto propio, y no solo eso, además deberá ser imaginada, o simplemente, tendrá que vérselas con otras creaciones imaginarias, lo que nos mete de lleno en un círculo vicioso: la posteridad imaginada construida solamente con creaciones de obras y personajes imaginarios". 

Sí, la posteridad debería ser `recogidita´, pero hoy, lo que noto, lo que  se me ocurre es un postericidio involuntario: la última posteridad, esa que debía, empezar mañana, acabó ayer: la perspectiva que tenemos del futuro se ha llevado a la posteridad tal y como la entendíamos antes. El mundo como yo lo entendía, tal como mis ojos lo veían, ha muerto ¡cómo cuesta ser optimista! 

Además, esperamos que terminen las dos guerras que tenemos encima, sí, esas dos pequeñitas, porque hay otras que llevan décadas activas, y ya acabada la pandemia del Covid que tanto daño -imprevisible- nos hizo, solo nos quedará el cambio climático, el que en absoluto parece estar controlado ¿verdad? Los tres acontecimientos que marcan esta perspectiva del futuro que tanto queríamos controlar, los tres -guerras, Covid y cambio climático-, han aniquilado a la posteridad y a los lectores, los lectores están  muertos, a su pesar, porque mira que son persistentes, o lo que es lo mismo, que todos los lectores que siempre me entienden están tristes; igual le ocurre a toda la gente inteligente. 

De igual modo, la posteridad, la última posteridad, la que ya fue, se cargó de un plumazo las motivaciones de los escritores: ¿para qué escribir si ya no hay posibilidad de una posteridad futura? Solo tenemos una posteridad pasada, esa ha sido la última. Se me hace una contradicción semántica enlazar estos dos términos: última y posteridad.

Podríamos pensar que la aniquilación de la posteridad es solo algo coyuntural, pero ¡menuda coyuntura! cuando dentro de ella, escondida, se encuentra la nada, la nueva nada  que orbita junto a sus planetas, por lo que deduzco que la última posteridad, lo único que nos ha pedido es que nos callemos pronto, o simplemente que digamos la verdad. Habría que hacer algo, como por ejemplo pasar  un trapito a la mugre de todo este presente. De este modo, tal vez pudiéramos recuperar a una futura posteridad.

La posteridad, lo más grandioso y persistente que vi nunca lo llenaba todo, pero desde ayer camina hacia atrás. ¿Cómo terminar ayer algo que todavía no ha sido? De todos modos, no me parece inteligente esperar con ansiedad un tren que pasó hace tiempo.

Dicho de otra forma, estamos inmersos en este `postericidio´ como si fuera algo involuntario. Y deberíamos estar felices porque la posteridad hubiese terminado ya; de esta manera, al fin y al cabo, se nos pasaría de golpe la responsabilidad que tenemos, esa exigencia autoimpuesta. ¡Qué bien! ¡Cómo relaja sentir que la posteridad se ha terminado! Así acabó lo que se tragaba la felicidad y la calma, la posteridad se queda como concepto, ahora refugiada, escondida, en los cuarteles de invierno. Pero, ¡qué difícil dejar la puerta abierta al sentimiento de la felicidad cuando el mundo está lleno de tristezas! 

 

 


 

viernes, 23 de septiembre de 2016

La moda que viene

Cuando se escribe una novela, el escritor necesita que se retuerzan los argumentos y sus ideas, hasta que el tiempo necesite de ella. La moda advenediza le indicará a la posteridad todos sus nuevos matices; pero ella, la posteridad, de la que nadie sabe cómo se comportará, te obliga a escribir para el mundo, para que este te comprenda. Así ocurrirá que tras las obligadas desgracias que se nos vienen encima, siempre existirá, al menos un lector que sentencie, fulanito ya lo dijo y tenía razón.
A pesar de la imposibilidad de conocer la posteridad, y ya que es difícil programarla, sólo se puede intentar, escribir, al menos, como si ella se pusiera de nuestra parte. ¡Pobre de quién piense en ella cuando esté en su mesa, y contando miles de lectores! No creo que Miguel de Cervantes anticipara que sus nuevos lectores le leyeran en formato pdf, subidos en un aeroplano, ni mucho menos que estuviese preocupado por las novelas comerciales.
Es fácil suponer, para cualquier escritor, que sus mejores lectores ya habrán nacido, pero nadie puede suponer cuáles serán sus hábitos.


Como el escritor nada puede saber de sus lectores -de si han hecho un lectorando, por ejemplo-, deberá imaginar la posteridad que se le avecina, dandole un empujoncito, el mismo esfuerzo que intenta cuando inventa su lector ideal.
Ninguno podrá ser desestimado; la moda que viene ya ha llegado: lectores en pdf, lectores digitales en e-book, lectores por capítulos, lectores orientados por contexto, otros orientados por autores, por temas... en general vale cualquier lector amante de la verdad que se esconde en las palabras